sábado, 2 de abril de 2011

LA SOMBRA ALARGADA DE LA EXTREMA DERECHA

por José María Castillo (Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)

.
.
Resulta indignante la pertinaz presencia (en Estados Unidos, en España, en no pocos países de América Latina…) de la extrema derecha. Entre otras razones, por el daño que la extrema derecha le está haciendo a la derecha y, por supuesto, a la democracia. Desde luego, sabemos que no se pueden identificar los grupos españoles de extrema derecha con los neocons americanos.

Pero, sean cuales sean los matices que caracterizan a cada uno de estos movimientos, hay cosas muy serias en las que casi todos ellos coinciden. Y de eso quiero hablar.

No pretendo hacer la historia del conservadurismo más integrista. Ni aquí se trata de analizar las razones de fondo que lo alimentan. Lo que yo quiero apuntar –nada más que apuntar– es una lista de hechos que se dan donde hay gente de marcada orientación “neoconservadora”.

Resulta elocuente recordar algunas de las “causas” que defienden. Y también las que atacan. Se les llame “extrema derecha” o se diga de ellos que son “neocons”, en cualquier caso:

- No toleran que los homosexuales gocen de los mismos derechos que los hetero…

- Su lucha en favor de la vida se centra sobre todo en la lucha contra el aborto.

- Recelan de los inmigrantes o actúan abiertamente contra ellos.

- Están en contra de la eutanasia, lo que puede provocar situaciones de extremo dolor en el caso de algunos enfermos terminales.

- Aceptan a regañadientes el divorcio.

- No toleran la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

- No aceptan el uso de anticonceptivos, por ejemplo el uso del preservativo, aunque sepan que eso puede causar el aumento de enfermos de SIDA.

- Se muestran a favor de la guerra contra los árabes (guerras de Irak, Afganistán, …).

- Pretenden que los presuntos “derechos de Dios” estén por encima de los “derechos de los hombres” .

- Les importa más el buen nombre de los curas que la dignidad de las víctimas de los curas.

- Buscan su apoyo en la Iglesia más tradicional, su moral, sus tradiciones…

- Se empeñan en defender causas perdidas, por ejemplo, el evolucionismo, el creacionismo, …

La lista se podría alargar mucho más. Y, desde luego, estoy de acuerdo en que no todos defienden la lista entera que acabo de apuntar. Pero hay una cosa que difícilmente se puede discutir: no sé dónde está el motor último de la mentalidad de la derecha extrema. Ni sé en qué consiste la fuerza de ese motor. Lo que sí ve todo el mundo es que se trata de una fuerza que, en nombre de Dios y de la Patria, defiende los intereses de unos pocos a costa de los derechos de la gran mayoría, sobre todos los derechos de mucha pobre gente que sufre más de lo que humanamente se puede soportar.

Esto supuesto, en este blog de teología, debo afirmar que seguramente quienes defienden los planteamientos más duros de la derecha más dura no se dan cuenta del daño que le hacen a la Iglesia, a la Religión, a la Fe y a la causa de Dios.

Y lo peor del caso es que dentro de la misma Iglesia, y hasta en sus más altas jerarquías, hay personas que se identifican con estas posturas. Lo cual quiere decir, en última instancia, que en la Iglesia hay gentes que creen en un Dios que nadie sabe de dónde se lo han sacado. En el Evangelio no está ese Dios. Ni es el Dios-Padre del que nos habló Jesús.

Quizás sea el “dios” de San Constantino, el emperador del s. IV, que se veneraba como santo y tenía su fiesta el 21 de mayo. Se sabe que este emperador, justamento al año siguiente de presidir el concilio de Nicea, asesinó a su mujer y a su hijo. Pero nada de eso impidió que, entonces como ahora, el poder tuviera más fuerza que la bondad, el respeto y el amor.

miércoles, 23 de marzo de 2011

NO CREO EN TU DIOS (Carta abierta al Párroco que no queremos)

por Raul A. Perez Verzini
(Ingeniero)
.
.
Estimado, no te pongo nombre para que no creas que el problema es con vos. De hecho, los que te han tratado dicen que sos una persona agradable y no juzgo tus intenciones.
.
El totalitarismo eclesial vernáculo, cínicamente acostumbrado a tomar decisiones sin consultar a los involucrados, te eligió como párroco de La Cripta. Y vos, quizá siguiendo la antievangélica obediencia debida, aceptaste. Te equivocaste.
.
Ya te lo hemos dicho y te lo seguiremos diciendo: No te queremos como párroco. No te recibiremos como párroco. Esta nunca será tu casa.
.
Nuestra decisión no es caprichosa. No se trata de rebeldes sin causa. Se trata, como diría Pedro Casaldáliga, verdadero pastor, de una rebeldía que busca la fidelidad a nuestra propia conciencia. Son más de 45 años de una línea pastoral fuertemente anclada en las intuiciones del Vaticano II y la reflexión teológica posterior. Son miles de personas que a lo largo de todos estos años se identificaron con la manera de ser y hacer que nos caracteriza. Y no estamos dispuestos a dejar que se destruya. Estamos preparándonos para dar batalla.
.
No pienses que tenemos algo contra vos. El problema es que no creemos en tu Dios.
.
No se trata de matices pastorales. No se trata de conservadurismo y monotonía a la hora de celebrar la eucaristía. Ni siquiera se trata de falta de conocimientos bíblicos y teológicos.
.
El problema es que no creemos en tu Dios.
.
Tu Dios impone uniformidad. El nuestro, celebra la diversidad.
.
Tu Dios impone castigos. El nuestro nos mira con misericordia.
.
Tu Dios es misógino. El nuestro es Padre, pero sobre todo Madre.
.
Tu Dios en monárquico y autoritario. El nuestro, fraterno y participativo.
.
Tu Dios se identifica con el totalitarismo vaticano. El nuestro, se expresa en la Biblia y en los signos de los tiempos, y sabe que el sábado fue hecho para el ser humano y no al revés.
.
Tu Dios elude el diálogo. El nuestro nos exige reflexionar críticamente.
.
Tu Dios nos trata como idiotas. El nuestro como adultos.
.
Nuestra parroquia tiene una fuerte tradición iniciada por Quito y continuada por Víctor, donde se ha respetado a los laicos. Donde se ha respetado la libertad de pensamiento y donde sobre todo, se nos ha tratado como adultos. Aquí, como reza la oración del consejo pastoral, somos los laicos los responsables de animar la marcha de la comunidad cristiana.
.
A los adultos no se les impone una manera de ser. A los adultos no se les impone un pastor. Los adultos eligen a quien merece ser llamado pastor.
.
Vos venís desde otro lugar. A vos te enseñaron que el laico está para obedecer. A vos te enseñaron que las investigaciones teológicas, antropológicas y exegéticas son para la universidad, no para compartirlas con los laicos, demasiado “ignorantes” la mayoría.
.
A vos te enseñaron que son más importantes las posturas de la jerarquía que lo que diga la Biblia y el pensamiento moderno. Por eso te toca defender lo indefendible. Por eso no podés sumarte a nuestras expresiones que apoyan a los divorciados, a los movimientos de GLBT, al sacerdocio femenino, al aborto legal, al fin del celibato, a la autonomía del estado y a la democratización de la iglesia entre otras.
.
Quizá por eso tus homilías hablan de que Jesús clavado en la cruz podría haber hecho caer un rayo del cielo para vengarse de sus enemigos… La verdad que cuando lo escuche no sabía si reír o llorar… Qué clase de teología te educa? Qué imagen de Dios tenes? Podes afirmar en conciencia que ese es el Dios de Jesús? No, el problema no lo tenemos con vos. El problema es que no creemos en tu Dios. Tu manera de entender el Evangelio y de vivir el cristianismo son incompatibles con nuestra manera de entenderlo y de vivirlo, por eso no sos apto para ser párroco de La Cripta. Ni serás bienvenido a nuestra comunidad.
.
No se trata de santidad. Probablemente vos seas más santo que nosotros. No se trata de quién está en la verdad y quien en el error. Nos sabemos en búsqueda permanente y dispuestos a cambiar nuestras opiniones cuando se nos demuestra el error.
.
No pretendemos cambiarte. No pretendemos que abandones tus creencias y tus modos de ser. Simplemente te decimos que nosotros tampoco queremos abandonar aquello que creemos y podemos fundamentar como correcto.
.
No queremos, como pediste, darte una oportunidad. Te haríamos perder tiempo y nos harías perder tiempo a nosotros. Estamos trabajando duro para contrarrestar el descreimiento y el abandono masivo de jóvenes y adultos que la Iglesia jerárquica, con Ratzinger a la cabeza, ha provocado en la gente. Y por eso exigimos como párroco una persona que respete nuestra caminata y venga a iluminarla con más libertad y más novedad y no a destruir lo hecho hasta ahora.
.
Nos hemos tomado en serio las palabras de Jürgen Moltmann, unos de los teólogos más importantes del siglo XX: “Donde la Iglesia no engendre una fe liberadora, sino que difunda opresión, sea esta moral, política o religiosa, habrá que oponerle resistencia por amor a Cristo”.
.
Gracias por entendernos.
.

lunes, 21 de marzo de 2011

LA RELIGION COMO IDOLATRIA

.
.
Hay una idolatría solapada y que puede pasar desapercibida por lo que es una de las más peligrosas. Cuando la religión se convierte en un ídolo es muy difícil descubrirlo y en la mayoría de los casos nos hace ver lo bueno como malo y lo malo como bueno. Nos produce una distorsión de la mente y del corazón. Se consagra un supuesto orden natural como sagrado, y unas definiciones de la divinidad como intocables. He ahí que habiendo creado Dios el hombre a su imagen y semejanza, vemos ahora a Dios creado a imagen y semejanza de Dios. Es la religión como ideología, y a Dios al servicio de esa ideología. No debe extrañarnos entonces que en nombre de la religión se hayan convertido auténticos crímenes contra la dignidad de las personas y se sigan cometiendo…
.
Jesús fue rechazado y condenado por las personas más religiosas de su tiempo (¿a qué nos suena esto hoy?). Y fue rechazado y condenado precisamente porque la gente más religiosa de entonces consideró que era un blasfemo y un impostor, es decir, el enemigo más radical de la religión.
.
¿Por qué sucede esto? Cuando el hombre convierte a Dios en un objeto y lo encierra en unas fórmulas dogmáticas, puede domesticar a Dios. Y Dios una vez domesticado queda al servicio de la ideología. Y ya tenemos una religión convertida en ídolo. Hecho esto, el hombre se autoengaña pensando que se relaciona con Dios; bien puede suceder que, en realidad, con lo que se relaciona es con las objetivaciones de Dios que el mismo hombre construye. Y así el hombre queda apresado ilusoriamente en sus mediaciones.
.
A partir de aquí la religión convertida en ídolo, impide al hombre escuchar la voz de Dios, y así somete a Dios a sí mismo. De aquí a la deificación de algunos hombres como representantes de Dios y dueños absolutos de su voluntad sólo hay un paso. Así pasó en el cristianismo primitivo; Jesús anunció que era necesario que él se fuera, y que mandaría el Espíritu para dirigir su comunidad. Pero algunos en la primitiva Iglesia pensaron era necesario “sustituir” a Jesús haciéndose sus vicarios; y la cabeza invisible de la Iglesia, necesitó un cabeza visible que representara a Aquel que seguía presente en su Espíritu.
.
Esta idolatría como dije al principio es muy peligrosa; este hombre religioso puede llegar a matar por defender a su dios y a su religión. Tiende en nombre de Dios a condenar a los que no piensan como él, y se cree dueño absoluto de la verdad, una verdad inmóvil, absoluta, y que depende del o de los representantes humanos de Dios.
.
Estos hombres terminan siendo víctimas de su propia Dios, creación de sus mentes, y terminan viviendo enfrentados con todos los que viven a su alrededor. Son personas débiles, incapaces de enfrentarse a su propia libertad, a tomar decisiones que comprometan su vida. Por eso delegan su libertad en unos personajes a los que creen imbuidos de poderes divinos y de la posesión de la verdad. Los frutos de la religión como idolatría crean muchas víctimas, personas pesimistas, que suelen sentirse siempre perseguidas, y suelen tener delirios de grandezas pensando que ellos son los elegidos para defender la verdad. Por no alargarme más en el siguiente artículo veremos los remedios de todo esto… así que continuará…
.

lunes, 14 de marzo de 2011

LA HUMANIDAD DE JESUS Y LA HUMANIDAD DE DIOS

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Hablar de la humanidad de Jesús no es sólo referirse a su sensibilidad o benignidad. Ni, por supuesto, se trata únicamente de afirmar su naturaleza humana. Desde el punto de vista de la teología cristiana, lo más importante, que hay que decir sobre la humanidad de Jesús, es que en ella encontramos el único medio, que tenemos los seres humanos, para conocer a Dios. De tal forma que es precisamente en la condición humana de Jesús donde podemos conocer quién es Dios y cómo es Dios. Más aún, es en la entrañable humanidad de Jesús donde comprendemos la profunda y desconcertante humanidad de Dios.
.
Para entender lo que acabo de decir, lo primero es tener claro lo que significa la trascendencia de Dios. Por definición, Dios es el Trascendente, es decir, trasciende todo cuanto pertenece a la capacidad humana. O sea, Dios está más allá del límite último de nuestra posibilidad de conocer, es decir, está fuera del campo inmanente de la nuestra capacidad de conocimiento. Por eso lo propio de Dios es la trascendencia, mientras que lo propio del ser humano es la inmanencia. Entre estos dos ámbitos (de lo existente) hay una diferencia radical, de forma que "lo trascendente" es "lo absolutamente otro" en relación a "lo inmanente". Esta distinción y esta diferencia es indispensable para que resulte posible pensar en Dios y pensar a Dios. En esto radica lo que se ha llamado el "código binario", a partir del cual es posible la religión (N. Luhmann). Desde este punto de vista, podemos afirmar que Dios es "el absolutamente Otro". Hasta el extremo de que, de no ser así, Dios no sería Dios, sino que sería un "objeto" más entre los muchos objetos que elabora la mente humana desde su "inmanencia".
.
Dicho esto, se comprende el auto-engaño que representa nuestra forma más absolutamente pervertida de pensar a Dios. Es "esa concepción según la cual Dios sería una realidad, un ser; otro en relación con las realidades del mundo y con su totalidad. Otro, sobre todo, en relación con el sujeto humano" (J. Martín Velasco). De donde se concluye que Dios es otro ser, otra persona, un tú, con el que yo puedo hablar y con el que me puedo relacionar, al que le pido lo que necesito o al que ofendo, como puedo ofender a otro ser humano cualquiera.
.
Por otra parte, sobre este "otro", sobre este "tú", que nos imaginamos que es Dios, hemos proyectado todo aquello que nosotros apetecemos y de lo que carecemos: poder, saber, tener, duración, bondad, felicidad... Y así, nos ha salido un Dios que lo puede todo, lo sabe todo, lo tiene todo, y es la bondad infinita y la felicidad sin límites. Pero, al hacer eso, no nos hemos dado cuenta de que ese "otro", ese "tú", ese "objeto" es, ante todo, imposible. Quiero decir: es un Dios contradictorio. Porque, tal como es este mundo, que (según decimos) ha brotado de la voluntad y de la decisión de Dios, no puede haber sido creado o pensado por un ser que es, al mismo tiempo, infinitamente poderoso e infinitamente bueno. Porque ambas cosas son incompatibles con el mal, el asombroso y aterrador problema del mal, que padecemos en este mundo.
.
Pero hay más. Porque ese Dios, que "opera y se hace presente como un ente particular junto a otros" (K. Rahner), además de contradictorio, es también un Dios inevitablemente conflictivo. Y la razón es clara: si ese Dios es un "otro", que acumula todas las perfecciones que nosotros podemos imaginar, entonces resulta que Dios es infinitamente justo y es juez de nuestra conducta. Ahora bien, tal como es (de facto) la condición humana, los mortales hacemos mucho daño, causamos indecibles males, cometemos demasiadas injusticias. Pues bien, así las cosas, si Dios es el infinitamente justo y el juez que hace justicia, ese Dios entra inevitablemente en conflicto con los seres humanos. Por eso Dios es, para mucha gente, una fuente incesante de miedos, temores confusos, sentimientos de culpa, amenazas y experiencias indescifrables.
.
Así las cosas, hay que preguntarse: ¿no estaremos radicalmente equivocados en nuestra forma de pensar a Dios y de hablar de Dios? La respuesta más obvia, que a cualquiera se le ocurre - si es que pensamos a fondo en este asunto -, es que desde la inmanencia, todo lo que pensamos es y será siempre inmanente, puesto que los humanos no tenemos acceso a la trascendencia. Por tanto, desde nuestra inmanencia, no podemos conocer a Dios. Porque, desde el momento en que el Trascendente entra en el campo de nuestra inmanencia, desde ese mismo momento el "absolutamente Otro" degenera en "cosa" y deviene a un "objeto" más de todos los objetos que puede elaborar nuestra mente. Se produce así lo que se ha denominado el proceso de "conversión diabólica" (P. Ricoeur), en virtud del cual el "totalmente Otro" se pervierte y queda reducido a un "otro", todo lo perfecto que nosotros queramos, pero, a fin de cuentas, "otro más". Martín Velasco ha insistido en esto: "la trascendencia de Dios bien entendida, su ser totalmente otro, comporta que, por ser totalmente otro, Dios sea "no otro" en relación con todas las otras realidades". Dicho de forma más sencilla, ese "Otro" al que llamamos Dios, ese "Tú" en el que pensamos que encontramos a Dios, en realidad no es "Dios en sí", sino la "representación" de Dios que nosotros nos hacemos. Una representación distinta según las distintas religiones que nos lo han representado.
.
¿Tiene solución y salida el Dios contradictorio y conflictivo al que, no obstante la enorme carga de contradicción y de conflictividad que lleva en sí mismo, nos hemos acostumbrado, lo soportamos y hasta decimos que lo necesitamos y lo amamos? Yo no le veo a este Dios ni solución ni salida por el camino que nos marca la razón, el discurso humano. Porque, si echamos por ese camino, no salimos de la contradicción y de la conflictividad que entraña en sí mismo el Dios que ha podido elaborar la inmanencia. Entonces, ¿qué hacer?
.
Dado que el camino de la razón no da más de sí, buscamos la salida por el camino de la Fe. Un camino que se justifica desde el momento en que comprendemos lo que es. Quiero decir: los seres humanos no nos comunicamos, no nos expresamos, sólo mediante razones. Además de eso, y sobre todo, los humanos nos relacionamos y nos expresamos mediante experiencias. Pues bien, seguramente la experiencia más honda y más total de la vida es la Fe, que entraña entrega, confianza, fidelidad... Esto supuesto, según la fe cristiana, a Dios, a quien nadie ha visto jamás (Jn I, 18), lo hemos visto, lo hemos oído, lo hemos palpado, en Jesús de Nazaret, que es la Palabra de Dios hecha humanidad (Jn I, 14), hecha debilidad humana (Jn I, 18; XIV, 8-11; 1º Jn I, 1). Jesús (el Hijo) es el único que sabe quién es Dios (el Padre); y Jesús es quien nos da a conocer a Dios (Mt XI, 27; Lc X, 22).
.
La consecuencia, que se deduce de lo dicho, es que Jesús de Nazaret es la encarnación de Dios (Jn I, 14), es la kenosis (vaciamiento) de Dios (Fil II, 7), es (en la cruz) la muerte de Dios, tal como se lo ha "representado" el "cristianismo infantilizado" (Kierkegaard). Y así, precisamente así, Jesús de Nazaret es la humanización de Dios. He aquí la más profunda y la más original aportación que el cristianismo ha hecho a la historia de las tradiciones religiosas de la humanidad.
.
Esto quiere decir que a Dios lo conocemos en Jesús. Por tanto, no es Dios el que nos revela quién es Jesús, sino que es Jesús el que nos da a conocer quién y cómo es Dios. O sea, es viendo a Jesús, cómo vemos a Dios. Y conociendo las costumbres, las preferencias, el estilo de vida de Jesús, así es cómo conocemos a Dios y nos enteramos de lo que Dios quiere y lo que a Dios le agrada. Pero no se trata sólo de esto. Hay en todo esto algo que es lo más decisivo. Se trata de caer en la cuenta de que a Dios lo conocemos y lo encontramos en la humanidad de Jesús. Decir que Dios se nos da a conocer en la divinidad de Jesús sería una tautología, tan absurda como afirmar que "lo divino" se nos revela en "lo divino". Por lo tanto, cuando hablamos de la humanidad de Jesús y elogiamos la entrañable humanidad de Jesús, lo más importante que hay en todo eso no es sólo la ejemplaridad de Jesús. Lo decisivo es que, en la humanidad de Jesús se nos da a conocer Dios mismo y, además de eso, también en esa humanidad descubrimos el proyecto de Dios. Porque, en última instancia, lo que Jesús nos enseña es que el proyecto de Dios y lo que Dios quiere de nosotros, no es que nos divinicemos (y menos aún que nos "endiosemos"), sino que nos humanicemos. El proyecto cristiano es hacernos cada día más sencillamente humanos. Por tanto, el proyecto de Dios no es hacernos "religiosos", ni "sagrados", ni "consagrados". En la medida en que todo eso nos eleva sobre la simple condición humana, en esa misma medida nos separa, nos divide, es origen de categorías y distinciones, dignidades, poderes y privilegios que enfrentan a unos con otros. Todo eso nos deshumaniza. Y Jesús no lo quiere, lo detesta.
.
Por esto, sin duda, Jesús se enfrentó con la religión y sus dirigentes, con el templo y sus sacerdotes. La "humanidad" es algo tan decisivo para Jesús, que, por defenderla, le costó la vida. En eso vio Jesús que se jugaba el ser o no ser de su mensaje. Y esto -lo digo con todo respeto y sinceridad- es lo que nunca comprendió Pablo de Tarso. Pablo no conoció al Jesús terreno, ni le interesó su humanidad. Sólo conoció al Resucitado (Gal I, 11-16; 1º Cor IX, 1; XV, 8; 2º Cor IV, 6). Y llega a decir que el Cristo "según la carne" (en su humanidad) no le interesa (2º Cor V, 16). Por eso Pablo no se interesa por el Dios que se nos revela en Jesús. El siguió creyendo en el Dios de Abrahán (Gal III, 16-21; Rom IV, 2-20) (U. Schnelle).
.
Pero todo esto necesita todavía una explicación que es determinante. Lo humano "químicamente puro" no existe, ya que "lo humano" está siempre fundido con "lo inhumano". Porque es inherente a la condición humana, no sólo la limitación, sino además la inclinación al mal. Humano es amar. Y humano es odiar. Humana es la generosidad y humano es el egoísmo, etcétera, etcétera. Esto supuesto, se comprende que el proyecto cristiano es un proyecto de humanización, en el sentido de ir liberándonos progresivamente de la deshumanización que todos llevamos fundida en nuestra vida, para poder hacernos así cada día más profundamente y más plenamente humanos. Llegar a ser plenamente humanos no está a nuestro alcance. Por eso necesitamos de Dios. Y ése es el significado que tiene el recurso a Dios. Para que, mediante la fuerza de su Espíritu, podamos acercarnos al ideal de nuestra plena humanidad.
.
Por último, ¿en qué consiste el proyecto de nuestra humanización? Lo humano se contrapone a lo divino. Lo divino se asocia al poder, a la gloria y a la grandeza sin límites. Por el contrario, lo humano se relaciona con la debilidad, la limitación incluso la fragilidad. De hecho, lo mínimamente humano, lo común a todos los humanos, se reduce a la "carnalidad" y la "alteridad": todos los humanos somos de carne y hueso (carnalidad); y todos los humanos nos necesitamos los unos a los otros (alteridad). Pues bien, siendo así la condición humana, se comprende que la tentación satánica fundamental sea la apetencia de "ser como Dios" (Gen III, 5). Es decir, ser más que los otros y estar sobre los demás. De ahí, la violencia en todas sus formas. Por eso, según los evangelios, Jesús nos marca el camino de nuestra humanización porque el proyecto de vida que nos trazó fue no querer estar nunca sobre los demás, sino estar siempre con los demás, especialmente con los últimos, con los que están más abajo, hasta acabar, él mismo, como el último. Una vida entendida así, se traduce en unión, solidaridad y felicidad compartida.
.

sábado, 5 de marzo de 2011

EL PUEBLO Y SUS DIRIGENTES

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
El Papa Benedicto XVI, en el segundo volumen que acaba de publicar sobre Jesucristo, afirma y argumenta con claridad y decisión que los responsables de la muerte de Jesús no fueron los judíos o el pueblo de Israel, sino los sumos sacerdotes, es decir, los dirigentes de la religión y supremos mandatarios del templo. Es éste un asunto sobre el que se ha escrito mucho y que ha sido ampliamente analizado por los mejores estudiosos, tanto del judaísmo como del cristianismo. Un asunto, además, sobre el que existe un amplio y generalizado consenso. Benedicto XVI ha demostrado así, una vez más, sus profundos conocimientos teológicos y su excelente documentación bíblica.
.
No pretendo aquí repetir lo que cualquiera puede encontrar en el libro del Papa (de próxima aparición) o en otros estudios más específicos que se han publicado, en los últimos años, sobre este importante argumento teológico. Sólo quiero fijarme en dos cuestiones que me parecen de especial actualidad: 1) el antisemitismo; 2) la violencia de las religiones.
.
En cuanto al antisemitismo, yo confieso que recuerdo, con dolor y escándalo, cómo durante muchos años, en las solemnes oraciones que se hacían en la liturgia del Viernes Santo, al recordar la pasión y muerte del Señor, el obispo o sacerdote, que presidía la ceremonia, pedía a todos los fieles orar "por los pérfidos judíos". Era una demostración deforme y patética del desprecio que, seguramente sin pretenderlo, la liturgia católica fomentaba en un momento tan sagrado y solemne como es la ceremonia de los Oficios del Viernes Santo. La cosa venía de lejos. Desde el año 70, cuando las legiones romanas entraron en Jerusalén y arrasaron la ciudad y el templo, no dejando piedra sobre piedra. Desde entonces, el pueblo de Israel, como el "judío errante", se ha visto obligado a vivir disperso, sin patria y sin hogar. Y teniendo que soportar la intolerancia y el desprecio de gobernantes que con frecuencia eran tan "cristianos" como faltos de escrúpulos y sobrados de no sé qué falsa ortodoxia. Hoy nos resulta incomprensible hasta dónde llegaron las cosas en España con la triste y famosa manía persecutoria contra quienes no podían demostrar su "pureza de sangre". Basta leer las Cartas de España, de Blanco White, para hacerse una idea la irracional intolerancia que se vivía en la España del s. XVIII contra quienes no podían probar que no estaban contaminados por la sangre impura del pueblo deicida. Es de vergüenza.
.
Pero lo más grave no es esto. Lo peor de todo es la violencia que entraña la identificación con un "Dios" al que se acepta como "el único verdadero". Lo que entraña inevitablemente que todos los demás son "falsos". Tienen razón Ulrich Beck cuando dice que "el universalismo humanitario de las personas creyentes descansa en la identificación con Dios y en la satanización de quienes se oponen a él". Que son los "siervos de Satán", según se ha dicho desde san Pablo a Lutero. Las tensiones religiosas, las persecuciones motivadas por las creencias religiosas, las descalificaciones, humillaciones, desprecios, insultos... todo eso, que nace de corazones "muy religiosos", es la demostración más patente de que la religión puede ser una bendición o un peligro. Y es cosa que está a la vista de todos. Sin ir más lejos, ¿no tiene uno la impresión de que palpa o roza estas violencias leyendo algunos comentarios que se deslizan en este blog y en tantos otros que plantean problemas relacionados con la fe religiosa? Posiblemente, a todos nos hace falta, mucha falta, ir desplazando nuestras creencias de la fe cuya meta es la verdad incuestionable a la fe cuya meta es la humanidad entrañable.
.

lunes, 14 de febrero de 2011

LA "PELIGROSA" SEGURIDAD DE LA FE RELIGIOSA

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Ante todo, pido disculpas por mi silencio en el blog en los últimos días. La apremiante urgencia de un trabajo, que tenía que entregar para un congreso, no me ha dejado tiempo para colaborar como es mi deseo. Además, no estoy seguro de que podré escribir un nuevo post la semana próxima, que viajaré a Mexico DF. Esté donde esté, intentaré seguir los comentarios, en la medida de lo posible.
.
Como es lógico, no puedo responder a las numerosas cuestiones que han planteado los visitantes de los últimos días. Por supuesto, agradezco las aportaciones de todos. Porque de todos aprendo. Y todos, aunque no estemos de acuerdo unos con otros, nos hacemos bien y nos ayudamos mutuamente. Ver así las cosas -pienso yo- es una de las actitudes más enriquecedoras que hay en la vida. Enriquecedoras, para nuestra humanidad y nuestra espiritualidad.
.
Digo esto porque cada día veo más claro la enorme importancia que tiene la tesis, que tan vigorosamente defendió el Concilio Vaticano I (año 1870), sobre la "libertad de la fe", contra las teorías de Georg Hermes. El Concilio afirma que, mediante el acto de fe, "el hombre presta obediencia libre a Dios, ya que asiente y colabora con su gracia, a la que podría resistir" (DH 3010). La fe cristiana es, por tanto, un acto libre. De forma que, de no serlo, dejaría de ser un acto religioso. La fe no puede ser nunca el resultado de una evidencia que se nos impone, sino que es una convicción que se acepta y se asume libremente. Además, si todo esto se piensa detenidamente, pronto se da uno cuenta de que la fe en Dios no puede ser de otra manera, ni puede tener otra estructura. Porque, si hablamos de Dios, estamos hablando, desde nuestra "inmanencia", de algo que se sitúa en el ámbito de la "trascendencia". Pero la "trascendencia", por definición, es aquello que nos trasciende, es decir, que está más allá del límite último al que nosotros (desde nuestra inmanencia) podemos llegar con nuestro conocimiento. Por tanto, nosotros no podemos conocer a Dios en sí. Sólo podemos conocer de Dios las "representaciones" que de él nos hacen las religiones. Desde la "inmanencia", todo lo que sabemos, pensamos o decimos es necesariamente e inevitablemente "inmanente". También la Biblia y todos los libros sagrados pertenecen al ámbito de la "inmanencia". Resignémonos a que es así. Y siempre tiene que ser así. Dejemos, pues, a Dios ser Dios. Y no hagamos de él un "objeto" mental que nos da seguridad o que nos libra de no sé qué sentimientos de miedo o de culpa.
.
Hay gente que habla de Dios como si hubiera estado desayunando con él esta mañana. No, por favor. Aceptemos que Dios es Dios, o sea que no es un "otro" al que nosotros le hemos puesto todas las cualidades que nosotros apetecemos (poder, saber, bondad...). No. Eso no es Dios.
.
Por lo demás, no es lo mismo certeza que seguridad. Yo tengo certeza en mis convicciones más firmes. Pero, sobre esas convicciones, no puedo tener la certeza que me da una ecuación matemática pura. Yo estoy convencido de que mi madre me quiso mucho. Pero sobre esa convicción no tengo la seguridad que tengo cuando digo que dos y dos son cuatro.
.
Es lamentable que muchas personas, por ignorancia de los principios más básicos de la hermenéutica, se aferren a una seguridad que les hace daño a ellos. Y desde la que pueden hacer daño a otros. Todo acceso a la realidad es, por eso mismo, una interpretación de la realidad. Y mucho más cuando hablamos de una realidad que nos trasciende. Nunca insistiremos bastante en la relación inevitable que existe entre "conocimiento" e "interés", como ya explicó con enorme profundidad J. Habermas, hace más de cuarenta años. Los "intereses rectores de conocimiento" funcionan en todos nosotros sin que nosotros seamos conscientes de ello. El que piensa que él ve la realidad "tal cual es" y que, por tanto, las cosas son "como él las ve", lo que en realidad está pensando es que todo el que no ve las cosas como él las ve, está equivocado. Una persona que piensa así y se aferra a semejante seguridad, aunque no se dé cuanta de lo que le pasa, es una persona que se ve superior a los demás. Y que, por tanto, piensa que los demás tienen que aprender de él, en tanto que él está llamado a enseñar. Y no tiene por qué modificar sus criterios, sus puntos de vista, sus propias seguridades. De una postura así, al fundamentalismo o incluso al fanatismo, hay sólo un paso. Por esto exactamente, creo yo, son tan peligrosas ciertas posturas religiosas.
.
Para terminar, sólo quiero pedir a cuantos lean este post que nadie piense que yo me siento seguro en todo lo que pienso, en lo que creo, en lo que vivo o en lo que decido. Tengo mis convicciones firmes y fuertes. Y conste que una de esas convicciones es que constantemente debo luchar para saber armonizar, en mí, mis propias convicciones y mis propias certezas con las convicciones y las certezas de los demás. Sólo así -creo yo- se puede ser verdaderamente humano y siempre buena persona, por encima de todo lo demás.
.

domingo, 13 de febrero de 2011

¡POR FAVOR! QUE NOS HABLEN DE DIOS!

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Me llama la atención, y me preocupa, que en la Iglesia se nos hable tan poco de Dios. Obispos, curas, cristianos de derechas y de izquierdas, casi todos andamos enzarzados en discusiones sobre muchas cosas. Asuntos relacionados con lo que opinan los políticos, los periodistas, los científicos, los hombres de negocios, los economistas, los progresistas y los conservadores. Nos preocupa todo eso. Y por eso hablamos tanto de esas cosas. Señal de que todo eso es lo que nos apasiona. ¿Y de Dios? ¿No tenemos nada que decir?
.
Seguramente, y sin darnos cuenta de lo que ocurre, la pura verdad es que de Dios hablamos. Pero lo hacemos de forma que damos de él una imagen lamentable. Con nuestras divisiones, conflictos y enfrentamientos, con nuestros insultos y mututas agresiones, con las cosas extravagantes que decimos y hacemos, con todo eso, lo que pasa es que muchos ciudadanos terminan pensando y diciendo que hablar con "gente religiosa" es hablar con "gente rara", gente que vive en "su mundo". Porque no tenemos los pies en la tierra, sino que, con frecuencia, damos la impreisón de andar por las nubes. Así, lo que conseguimos, es dar una imagen de Dios que resulta lamentable, desagradable, sospechosa, quizá insoportable.
.
Y entonces pasa lo que estamos viendo: es ya demasiada la gente que "puentea" a la Iglesia, pasa por encima de ella, precinde de obispos, curas y teologías, y prefiere entenderse directamente, y como puede, con Dios.
.
¿Por qué no hablamos más de Dios? ¿Es que no sabemos hablar de eso? ¿Es que nos da miedo? ¿Es que no tenemos nada que decir sobre esa cuestión fundamental? Jesús habló constantemente del Padre porque hablaba constantemente con el Padre. Nuesto silencio sobre Dios es la denuncia más fuerte de nuestra falta de experiencia de Dios. Si lo que de verdad nos apasiona en la vida es la política, el dinero, los cargos, ascensos y dignidades, ¿cómo vamos a poder hablar de Dios?
.

EL FANATISMO: PELIGRO DE ALTA TENSIÓN

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Por desgracia, es frecuente encontrar en la vida gente fanática. Hay fanáticos en el mundo del pensamiento, del deporte, de la política... Y por supuesto, también en la religión. Sobre todo, cuando política y religión se refuerzan mutuamente. En ese caso, el fanatismo desemboca inevitablemente en las formas más aberrantes de violencia. Pero, ¡antención!, no nos engañemos hablando de este asunto con ligereza. Uno de los estudiosos, que ha analizado con más seriedad el fenómeno del fanatismo, ha sido Amos Oz, reconocido intelectual comprometido con el proceso de paz en Oriente Medio. Pues bien, este escritor israelí, galardonado por sus trabajos sobre este espinoso problema, ha dicho acertadamente que "el fanatismo es más viejo que el islam, que el cristianismo, que el judaísmo. Más viejo que cualquier Estado, gobierno o sistema político. Más viejo que cualquier ideología o credo del mundo. Desgraciadamente, el fanatismo es un componente siempre presente en la naturaleza humana, un gen del mal, por llamarlo de alguna manera".
.
Fanatismo viene del término latino fanum, que significa sagrado, era (en la religión romana) un lugar sagrado. De ahí que profano es lo que está fuera del espacio sagrado. Por lo tanto, se puede afirmar que fanatismo es la postura y la convicción de quien hace de sus ideas algo literalmente sagrado, por más que él no se dé cuenta de lo que hace. Y, como es lógico, el que hace de sus ideas o de sus preferencias una "realidad sagrada", por eso mismo convierte sus ideas y sus gustos en algo intocable, incuestionable, indiscutible. Lo cual ya es molesto y suele ser origen de conflictos y situaciones conflictivas en las que hablar con calma y sosiego, dialogar en paz y con buena voluntad, todo eso resulta sencillamente imposible.
.
Pero en el fanatismo hay algo peor y mucho más peligroso. El citado Amos Oz se ha dado cuenta de lo más destructivo que entraña el fanatimso y lo ha formulado así: "Creo que la esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar". Aquí está el verdadero problema. Porque quien va por la vida pretendiendo obligar a los demás a que cambien de ideas, de convicciones, de preferencias, de conducta..., quien hace eso en la vida es inavitablemente una persona que va faltando al respeto, agrediendo a todo el que no piensa o vive como él, despreciando a mucha gente y, si es necesario, un individuo puede terminar siendo un auténtico terrorista. Un terrorista que a lo mejor no pone bombras, ni mata a nadie. Pero bien sabemos que hay terroristas del espíritu, que se sienten con derecho a insultar, ofender, humillar, despreciar, denunciar, amargarle la vida a otras personas. Y, además, hacen todo eso tan tranquilos. Más aún, con la conciencia de que es eso lo que tienen que hacer.
.
Desgraciadamente, los terroristas del espíritu abundan en las religiones. Cosa temible. Porque pueden llegar a ser las peorres personas del mundo con la mejor conciencia del mundo. No sé si este tipo de gentes tienen solución. Lo dudo mucho. Sea lo que sea de este asunto, lo que es seguro es que los terroristas del espíritu son los que más daño le hacen a la causa de Dios. He ahí por qué he dicho que el fanatismo es un peligro de alta tensión.
.

lunes, 7 de febrero de 2011

LA ESCANDALOSA TOLERANCIA DE JESUS

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Si nos atenemos a lo que cuentan los Evangelios, nos llevamos la sorpresa de que Jesús fue escandalosamente tolerante con personas y grupos con los que ningún hombre, reconocido como observante y ejemplar desde el punto de vista religioso, podía ser tolerante. Al tiempo que se mostró extremadamente crítico con aquellos que se veían a sí mismos como los más fieles y los más exactos en su religiosidad. Jesús fue tolerante con los publicanos y pecadores, con las mujeres y con los samaritanos, con los extranjeros, con los endemoniados, con las muchedumbres del gentío (óchlos), una palabra dura que designaba a la "plebe que no conocía la Ley y estaba maldita", a juicio de los sumos sacerdotes y de los fariseos observantes (Jn VII, 49; cf. VII, 45). Y es curioso, pero esa gente es la que aparece constantemente acompañando a Jesús, escuchándole, buscándole.... Los relatos de los evangelios son elocuentes en este punto concreto y repiten muchas veces que el "gentío", la "muchedumbre"... era la que buscaba a Jesús, la que le oía, la que estaba cerca de él. Y aquella mezcla de Jesús con el "gentío" llegó a ser tan agobiante, que hasta la familia de Jesús llegó a pensar que había perdido la cabeza (Mc III, 21). Jesús compartía mesa y mantel con gente pecadora, lo que daba pie a murmuraciones por causa de semejante conducta (Lc XV, 1 s). Jesús siempre defendió a las mujeres, por más que fueran mujeres poco ejemplares. Hasta llegar a decir que los publicanos y las prostitutas entraban antes que los sumos sacerdotes en el Reino de Dios (Mt XXI, 31). Jesús defendió a una famosa prostituta en casa de un conocido fariseo (Lc VII, 36-50). Como defendió el derroche de perfume que hizo María en la cena de homenaje que le hicieron a Jesús (Jn XII, 1-8). Y sabemos que, cuando iba de pueblo en pueblo por Galilea, le acompañaban, no sólo los discípulos y apóstoles, sino también bastantes mujeres, entre ellas la Magdalena, de la que había expulsado siete demonios (Lc VIII, 1-3). Jesús siempre se puso de parte de los cismáticos y despreciados samaritanos, hasta poner como ejemplo de humanidad a uno de ellos, frente a la dureza de corazón del sacerdote (Lc X, 30-35).
.
Con lo dicho hay suficiente para hacerse una idea de lo "escandalosa" que tuvo que resultar la tolerancia de Jesús. Ser tolerante con los que viven y piensan como cada cual vive y piensa, eso no es sino sentido común. El problema está en saber con qué tenemos que ser tolerantes. Y qué cosas no se deben tolerar. Por supuesto, aquí tocamos un tema extremadamente difícil de precisar y delimitar con exactitud. Por eso entiendo que haya personas que entran en el blog y expresan sus desacuerdos con lo que yo escribo. Los entiendo perfectamente. Y me parece que es bueno que todo el que entre en este blog se sienta con libertad para decir lo que piensa, con tal que eso se haga con argumentos y razones, nunca agrediendo o humillando al que no se ajusta a mis puntos de vista. Pero con eso, nada más, no tocamos el fondo del problema.
.
Yo creo que todo depende de aquello que para cada cual es "intocable". Dado que estamos en un blog de Teología, la cuestión que, a mi modo de ver, habría que afrontar es la siguiente: desde el punto de vista del Evangelio, "lo intocable" ¿es "lo religioso" o es "lo humano"? Pienso que es capital , para un creyente en Jesucristo, tener bien planteada y bien resuelta esta pregunta. De sobra sabemos que, por salvaguardar los derechos de la Religión, a veces, no se respetan los derechos humanos. Por defender un dogma, se ha quemado al hereje. Como por asegurar un criterio moral, se ha metido en la cárcel al homosexual o se apedrea a una adúltera. Es sintomático que los enfrentamientos, que, según los Evangelios, tuvo y mantuvo Jesús, fueron con gente muy religiosa, al tiempo que se llevó bien con los grupos humanos que la Religión despreciaba o perseguía. Es evidente que, para Jesús, su relación con el Padre del Cielo era lo central. Pero lo que pasa es que Jesús entendía al Padre del Cielo de forma que ese Padre no hacía diferencias. Y por eso es el Padre que hace salir el sol sobre buenos y malos; y manda la lluvia sobre justos y pecadores (Mt V, 45). Porque es humano necesitar el sol y necesitar la lluvia. Cosas que, por lo visto y a juicio de Jesús, son más intocables que la "bondad" de unos o la "maldad" de otros.
.
¿Que todo esto entraña sus peligros? Sin duda alguna. Pero a mí, por lo menos, me parece que es mucho más peligroso dividirnos y enfrentarnos por motivos religiosos, de forma que tales motivos justifiquen las mil intolerancias que hacen la vida tan desagradable y hasta puede ser que la lleguen a hacer sencillamente insoportable. Eso nos hace daño a todos. Y además daña -y mucho- a la Religión. ¿Por qué, si no, la Religión se ha hecho tan odiosa para no pocas personas, muchas de las cuales sabemos que son gente honrada a carta cabal? Las Religiones tendrán que pensarse este asunto. Y tendrán que hacerlo de prisa y con toda honestidad, si es que quieren que la historia no las arrolle y las deje tiradas en las cunetas de los muchos caminos de este mundo.
.

domingo, 6 de febrero de 2011

Un tercio de los teólogos de habla alemana exige el fin del celibato, el sacerdocio de la mujer, se muestra favor de la inclusión de parejas del mismo

.
La crisis ya es insostenible… y como sigan ciegos y sordos a lo que ya es un clamor en las bases católicas, la jerarquía va camino del abismo… Si hasta el portavoz de la Conferencia Episcopal Alemana, ante el horror de la Caverna, reconoce lo positivo del manifiesto. Pero el Papa alemán mirando hacia otro lado…
.
.
Revolución en la patria de Ratzinger. Un tercio de los teólogos católicos de habla alemana residentes en Alemania, Suiza y Austria (144 profesores de Teología católica), han suscrito un manifiesto en el que exigen profundas reformas de la Iglesia Católica, que incluyen, entre otras, el fin del celibato, el sacerdocio femenino y la participación popular en la elección de obispos.
.
Los firmantes suponen mas de un tercio de los 400 teólogos del área de habla alemana, según revela hoy el rotativo Süddeutsche Zeitung, en el que se afirma que su cifra sería mayor si muchos no hubiesen negado su rúbrica por miedo a represalias.
.
La iniciativa supone además el mas importante alzamiento contra la cúpula de la Iglesia Católica desde hace 22 años, cuando 220 teólogos suscribieron en 1989 la llamada Declaración de Colonia, crítica con el gobierno de la iglesia ejercido por Juan Pablo II.
.
La profesora de Teología de Münster Judith Könemann, una de las ocho personas redactoras del manifiesto, reconoce que se hubiesen conformado con 50 firmas, pero subraya que el amplio eco demuestra que han “tocado un nervio”, en declaraciones el citado rotativo.
.
Entre los firmantes destacan prestigiosos profesores eméritos como Peter Hünermann y Dietmar Mieth, viejos luchadores por las reformas como Heinrich Missalla y Friedhelm Hengsbach, progresistas como Otto Hermann Pesch o Hille Haker, pero también conservadores como Eberhard Schockenhoff.
.
Redactado con los escándalos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica como trasfondo, el texto es prudente y alaba también el llamamiento de los obispos a un diálogo abierto.
.
Tras explicar que se ven “en la responsabilidad de hacer una aportación a un nuevo comienzo real”, la tesis central del memorando subraya que la Iglesia Católica solo “puede anunciar al liberador y amante Dios Jesucristo”, cuando ella misma “es un lugar y un testigo creíble del mensaje de liberación del Evangelio”.
.
Debe reconocer y fomentar “la libertad del hombre como criatura de Dios”, respetar la conciencia libre, defender el derecho y la justicia y criticar las manifestaciones que “desprecian la dignidad humana”.
.
Sus exigencias, que prudentemente califican de “retos”, incluyen “mayores estructuras sinodales en todos los niveles de la iglesia” y la participación de los fieles en la elección de sus obispos y párrocos.
.
El manifiesto subraya que la Iglesia Católica necesita “también sacerdotes casados y mujeres en el oficio eclesiástico”, señala que la falta de sacerdotes fuerza la existencia de parroquias cada vez mayores y lamenta que los sacerdotes sean “quemados” ante estas circunstancias.
.
Igualmente destaca que “la defensa legal y la cultura del derecho” en la Iglesia deben “mejorar urgentemente” y comenta que la elevada valoración del matrimonio y el celibato suponen “excluir a personas que viven el amor, la fidelidad y la preocupación mutua” en una relación estable de pareja del mismo sexo o como divorciados casados en segundas nupcias.
.
El manifiesto critica además el “rigorismo” de la Iglesia Católica y subraya que no se puede predicar la reconciliación con Dios sin crear las condiciones para una reconciliación con aquellos “ante los que es culpable: por violencia, por negar el derecho, por convertir el mensaje bíblico de libertad en una moral rigurosa sin misericordia”.
.
“A la tormenta del pasado año (en referencia a los escándalos de pederastia) no puede seguir tranquilidad alguna”, afirma el texto, que considera que “en las circunstancias actuales solo puede ser la tranquilidad de la sepultura”.
.
Y tras exigir diálogo y comentar que el miedo no es buen consejero, recuerda que los cristianos han sido “llamados por el Evangelio a mirar con valor hacia el futuro y como el llamamiento de Jesús a Pedro para caminar sobre las aguas: ‘¿por que tenéis miedo? ¿es vuestra fe tan pequeña?’”.
.

viernes, 4 de febrero de 2011

LA TOLERANCIA, AHORA MAS NECESARIA QUE NUNCA

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
No pretendo cortar con mis modestos y sencillos recuerdos de la historia del cristianismo, de la Iglesia y de su teología. Eso es ahora quizá más necesario que nunca. Y precisamente por eso, porque es tan necesario y tiene tanta actualidad, por eso me parece conveniente decir hoy algo sobre la tolerancia. Porque tengo la fundada impresión de que, cuando se sacan a la luz determinados recuerdos del pasado, sucede exactamente lo mismo que cuando se agitan los bajos fondos estancados bajo una superficie aparentemente limpia: el agua estancada huele mal. Y hay muchas personas que no soportan olores demasiado fétidos. La reacción, entonces, es la intolerancia, echando mano, si es preciso, de un clavo ardiendo.
.
A mí me parece que tenía razón A. Sajarov cuando dijo que "la intolerancia es la angustia de no tener razón". El eminente físico ruso, que fue Sajarov, experimentó en sus propias carnes lo que representa en la vida la intolerancia de quienes carecían de razones para prohibirle acudir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz. Por otra parte, la certera formulación de Sajarov sobre la intolerancia se palpa cada día con más fuerza. Porque cada día hay más gente que vive la angustia de no tener razón para oponerse a cosas que no está dispuesta a tolerar. ¡Amigos internautas!, "estamos tocando el fondo".
.
Viendo las cosas con los ojos de la fe, uno se acuerda enseguida del texto más sencillo y más profundo que se ha escrito sobre la tolerancia. Me refiero a la parábola de la cizaña (Mt XIII, 24-30). Comentando esta parábola, escribió Erasmo, en su Paráfrasis de san Mateo, esta reflexión tan profundamente humana: "Los siervos que quieren segar la cizaña, antes del tiempo para eso, son aquellos que piensan que los falsos apóstoles y los heresiarcas deben ser eliminados por la espada y los suplicios. Pero el dueño del campo no quiere que se les destruya sino que se les tolere, pues quizá se enmienden y, de la cizaña que eran, se tornen trigo. Si no se enmiendan déjese a su juez el cuidado de castigarlos un día.... Mientras tanto, hay que tolerar a los malos mezclados con los buenos, puesto que habría más daño en suprimirlos que en soportarlos".
.
Erasmo tenía -y sigue teniendo-, en este asunto, toda la razón del mundo. Por dos motivos, sobre todo: 1) Porque, si es que somos creyentes o, al menos, nos queda algo de sentido común, lo más serio que podemos hacer es "dejar a Dios ser Dios", es decir, el juicio le corresponde a Dios. Y nadie tiene derecho a usurparlo y apropiárselo. Dejemos, pues, que sea Dios quien dicte sentencia sobre quién es trigo y quién es cizaña. 2) ¿Es malo que convivan el trigo y la cizaña? Peor es ir por la vida con la pretensión de que soy yo el que veo las cosas como son y tengo siempre la razón. ¿Por qué es eso lo peor? Porque lo más determinante en la vida no son las "verdades", sino las "convicciones". Las mil guerras y batallas de la verdad contra el error han ensangrentado demasiadas páginas de la historia. Y ¿para qué? Para causar espantosos sufrimientos y no arreglar nada. Sin embargo, ¿quiénes son los que más han influido en la vida de los pueblos y han cambiado -para bien o para mal- el destino de los pueblos? Los que han sido marcados con la fuerza de las más profundas convicciones.
.
El que está convencido de una cosa, la hace. Y si no la hace, es que no está convencido de tal cosa.
.
He dicho (y repito) que ahora necesitamos más que nunca la tolerancia. Porque el trigo y la cizaña están ahora más mezclados de lo que imaginamos. Y más que se van a mezclar. Por eso, sin duda alguna, la vieja "rabies theológica" (de la que tanto se habló en los ambientes eclesiásticos medievales) está ahora más floreciente que nunca. Por eso, a quienes insultan y ofenden, a quienes ridiculizan y atacan asestando el golpe donde más duele, yo les pregunto: ¿es que no tienen más argumentos que el insulto y la ofensa? ¿no tienen otras razones de las que echar mano? Los que así proceden, sólo hacen ostentación de una sola cosa: de la enorme angustia que segrega en ellos la intolerancia.
.

lunes, 31 de enero de 2011

EL SACRAMENTO DEL "ORDEN" ¿ENTRAÑA UNA CONTRADICCION?

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
Expliqué en el post anterior que todos los autores del Nuevo Testamento evitaron cuidadosamente utilizar el término "sacerdote" para designar a los ministros o responsables de las comunidades cristianas. Y es importante recordar que esta actitud se mantuvo hasta el siglo III. Como es lógico, si en la Iglesia de los dos primeros siglos se cuidó evitar esta designación, por algo sería, es decir, alguna rezón tendrían aquellas comunidades para no utilizar jamás el título de "sacerdote" cuando se referían a los líderes de las comunidades. Esto da que pensar. Sobre todo, si tenemos en cuenta que, como no podía ser de otra manera, todos los grupos religiosos de la antigüedad tenían naturalmente una nomenclatura (consagrada y aceptada) para designar a sus cuadros de mando. Sin embargo -y por más sorprendente que pueda parecer-, las primeras comunidades de la Iglesia tomaron, para designar a los cargos en las comunidades, nombres tomados de las instituciones civiles. Así: apostoloi (enviados, mensajeros); prophetai (profetas, que con frecuencia eran laicos); poimenes (pastores); euangelistês (el que lleva buenas noticias); episkopoi (obispos), que eran los "vigilantes", "inspectores" o "gobernadores": presbyteroi (presbíteros), personas honorables y que en Asia Menor y Egipto designaban a los que presidían en una corporación; proistámenoi (los que presidían) (Rom XII, 8; 1º Tes V, 12); egoúmenoi (dirigentes) (Heb XIII, 7; Hech XV, 22); diakonoi (sirvientes o camareros); douloi (siervos o esclavos) (Rom I, 1; 2º Cor VI, 4; Col I, 25...; cf. Mc X, 45 par).
.
La Iglesia naciente no toleró títulos "sagrados", sino nombres o calificativos "civiles" y, en ese sentido, "laicos". Nos guste o no nos guste, así fue. Y lo lógico es pensar que esto no pudo ser mera casualidad. Sin duda, esto tiene su lógica relación con el título mismo de "Iglesia", que es la versión a nuestra lengua del término griego ekklesía, la palabra técnica que se utilizaba en Grecia para designar a la asamblea de ciudadnos libres, reunidos para tomar democráticamente sus decisiones.
.
Nada de esto impedía creer en Jesús el Señor. Y ser testigos de la fe. Es más, sin duda alguna, los primeros cristianos vieron que era así cómo tenían que denominarse y hacerse presentes en la sociedad del Imperio.
.
Precisando más: en la primera mitad del s. III, los ministros de las comunidades empezaron a utilizar los términos "orden" y "ordenación". Ahora bien, estos términos remitían, ya entonces y sobre todo entonces, a las ideas de "honor", "dignidad" y "potestad". En efecto, el "ordo" y la "ordinatio" eran, en aquel tiempo, conceptos clave en la organización de la sociedad. Porque eran los términos clásicos para designar el nombramiento de los funcionarios imperiales, sobre todo del emperador. El "ordo" tenía, en el imperio romano, la significación de "clase social", de manera que existían tres "ordines": el orden de los senadores (ordo senatorum) y el orden de los caballeros (ordo equitum), que se situaban claramente sobre la plebe o pueblo llano (ordo plebeius) (Pauly-Wissowa, 18/1, 930-936). Es claro que los ministros de las comunidades, en el s. III, se apropiaron el "orden" y la "ordenación", como títulos de dignidad y supremacía, para diferenciarse de la gente sencilla y, por tanto, de la comunidad. En buena medida, se puede decir que el derecho y la cultura del imperio fueron más determinantes que el Evangelio. Jesús había reprendido insistentemente a los discípulos y apóstoles por sus pretensiones de ser los más importantes, de situarse los primeros (Mc X, 35-45 par; Mc IX, 33-37 par). El criterio de Jesús es que los primeros tenían que situarse como los últimos (Mt XX, 16; Mc X, 31). En este sentido, la Iglesia tendría que ser la subversión del "orden" de este mundo. Pero el "clero", como "porción escogida", no quiso que fuera así.
.
Como es lógico, toda institución que pretenda perpetuarse ha de tener un mínimo de organización, una estructura. Pero eso se puede hacer de muchas maneras. Jesús no quiso, en el movimiento que el ponia en marcha, reproducir los modelos organizativos de los poderes de este mundo. Y, con claridad y firmeza, los primeros cristianos entendieron que la Iglesia no tiene por qué ser guiada por "hombres sagrados" o "consagrados". Pero el hecho es que en la Iglesia trastornó el ideal utópico de Jesús. El ideal de quien está convencido que todo el que sube, por eso mismo, divide; mientras que todo el que baja, por eso mismo, une. Ya el autor de la primera carta de Pedro se dio cuenta del peligro que acechaba, a las comunidades de la Iglesia, cuando, dirigiéndose "a los responsables de las comunidades", les dijo: "cuidad del rebaño de Dios que os han confiado, cuidando de él no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por por sacar dinero, sino generosamente; no tiranizando a los que os han confiado, sino haciéndoos modelos del rebaño" (1º Pe V, 1-3).
.
Algunos comentarios al post anterior han dado a entender que en la Iglesia, desde el Nuevo Testamento hasta hoy, se ha ha producido un "desarrollo del dogma". Pero, ¿podemos los cristianos admitir un " desarrollo" que resulta contradictorio con el Evangelio?
.

lunes, 24 de enero de 2011

¿Y SI NOS QUEDAMOS SIN SACERDOTES?

por José María Castillo
(Doctor en Teología y ex Sacerdote Jesuita)
.
.
La semana pasada escribí en este blog una entrada en la que recordé cómo la Iglesia del primer milenio tuvo un concepto de la vocación sacerdotal muy distinto del que tenemos ahora. Hoy se piensa que la vocación es la "llamada de Dios" para que un cristiano, con la aprobación del obispo, pueda ser ordenado sacerdote. En los primeros diez siglos de la Iglesia, se pensaba que la vocación es la "llamada de la comunidad" para que un cristiano fuese ordenado sacerdote. Pero ocurre que, en este momento, la escasez de vocaciones es un hecho tan notable que hasta los políticos cristianodemócratas de Alemania han hecho pública una carta en la que piden al episcopado que puedan ser ordenados de sacerdotes hombres casados. Hasta los hombres de la política andan preocupados de lo mal que van las cosas en la Iglesia, entre otros motivos, por la alarmante falta de sacerdotes para atender las necesidades espirituales de los católicos.
.
Así están las cosas en este momento. Los obispos -ya lo han dicho los alemanes- no están dispuestos a suprimir la ley del celibato. Y menos aún estarían dispuestos a tomar decisiones más radicales en cuanto se refiere al clero, especialmente por lo que respecta a la necesidad de que en la Iglesia haya sacerdotes para administrar los sacramentos. Yo no sé si los obispos van a ceder en este delicado asunto. Y si ceden, cuándo lo harán. Sea lo que sea de todo esto, me parece que ha llegado el momento de afrontar esta pregunta: ¿y si llega el día en que nos quedemos prácticamente sin sacerdotes? ¿sería eso el derrumbe total de la Iglesia?
.
El cristianismo tiene su origen en Jesús de Nazaret. Pero Jesús no fue sacerdote. Jesús fue un laico, que vivió y enseñó su mensaje como laico. Jesús reunió un grupo de discípulos y nombró doce apóstoles. Pero aquel grupo estaba compuesto por hombres y mujeres que iban con él de pueblo en pueblo (Lc VIII, 1-3; Mc XV, 40-41). La muerte de Jesús en la cruz no fue un ritual religioso, sino la ejecución civil de un subversivo. Por eso la Carta a los hebreos dice que Cristo fue sacerdote. Pero este escrito es el más radicalmente laico de todo el Nuevo Testamento. Porque el sacerdocio de Cristo no fue "ritual", sino "existencial". Es decir, lo que Cristo ofreció, no fue un rito ceremonial en un templo, sino su existencia entera, en el trabajo, en la vida con los demás y sobre todo en la horrible muerte que sufrió. Para los cristianos, no hay más sacerdocio que el de Cristo, que consiste en que cada uno viva para los demás. Ni más ni menos que eso. El sacerdocio cristiano, tal como se vive en la Iglesia, no tiene fundamento bíblico ninguno. Por eso en la Iglesia no tiene que haber hombres "consagrados". Lo que tiene que haber es hombres y mujeres "ejemplares". El "sacerdocio santo" y el "sacerdocio real" del que habla la 1º Carta de Pedro (I, 5. 9) es una mera denominación "espiritual" de todos los cristianos.
.
Además, en todo el Nuevo Testamento jamás se habla de "sacerdotes" en la Iglesia. Es más, está bien demostrado que los autores del Nuevo Testamento, desde san Pablo hasta el Apocalipsis, evitan cuidadosamente aplicar la palabra o el concepto de "sacerdote" a los que presidían en las comunidades que se iban formando. Esta situación se mantuvo hasta el siglo III. O sea, la Iglesia vivió durante casi doscientos años sin sacerdotes. La comunidad celebraba la eucaristía, pero nunca se dice que la presidiera un "sacerdote". En las comunidades cristianas había responsables o encargados de diversas tareas, pero no se les consideraba hombres "sagrados" o "consagrados". En el s. III, Tertuliano informa de que cualquier cristiano presidía la eucaristía (De exhort. cast. VII, 3).
.
¿Qué pasaría si se acabaran los sacerdotes en la Iglesia? Simplemente que la Iglesia recuperaría, en la práctica, el modelo original que Jesús quiso. Lo que pasaría, por tanto, es que la Iglesia sería más auténtica. Una Iglesia más presente en el pueblo y entre los ciudadanos. Una Iglesia sin clero, sin funcionarios, sin dignidades que dividen y separan. Sólo así retomaríamos el camino que siguió el movimiento de Jesús: un movimiento profético, carismático, secular. El clericalismo, los hombres sagrados y los consagrados han alejado a la Iglesia del Evangelio y del pueblo. Así lo ve y lo dice la gente. La Iglesia se pensó que, teniendo un clero abundante y con prestigio, sería una Iglesia fuerte, con influencia en la cultura y en la sociedad. Pero a los hechos me remito. Ese modelo de Iglesia se está agotando. No podemos ignorar todo el bien que los sacerdotes y los religiosos han hecho. Y el que siguen haciendo. Pero tampoco podemos olvidar los escándalos y violencias que en la Iglesia se han vivido y de los que el clero, en gran medida, ha sido responsable.
.
Pero lo peor no es nada de eso. Lo más negativo, que ha dado de sí el modelo clerical de la Iglesia, es que quienes han tenido el "poder sagrado", se han erigido en los responsables y, de las "comunidades de creyentes", han hecho "súbditos obedientes". La Iglesia se ha partido, se ha dividido, unos pocos mandando y los demás obedeciendo. En la Iglesia debe haber, como en toda institución humana, personas encargadas de la gestión de los asuntos, de la coordinación, de la enseñanza del mensaje de Jesús... Pero, una de dos: o Jesús vivió equivocado o los que andamos equivocados somos nosotros.
.
Por supuesto, el final del clero no se puede improvisar. Probablemente el cambio se va a producir, no por decisiones que vengan de Roma, sino porque la vida y el giro que ha tomado la historia nos van a llevar a eso: a una Iglesia compuesta por comunidades de fieles, conscientes de su responsabilidad, unidos a sus obispos (presididos por el obispo de Roma), respetando los diversos pueblos, naciones y culturas. Y preocupados sobre todo por hacer visible y patente la memoria de Jesús. Ya son muchas las comunidades que, por todo el mundo, a falta de clérigos, son los laicos los que celebran ellos solos la eucaristía. Porque son muchos los cristianos que están persuadidos de que la celebración de la eucaristía no es un privilegio de los sacerdotes, sino un derecho de la comunidad. El proceso está en marcha. Y mi convicción es que nadie lo va a detener. Termino afirmando que, si digo estas cosas, no es porque me importe poco la Iglesia o porque no la quiera ver ni en pintura. Todo lo contrario. Precisamente porque le debo tanto y me importa tanto, por eso, lo que más deseo es que sea fiel a Jesús y al Evangelio.
.